Cada temporada invernal, la gripe vuelve a ocupar titulares en todo el mundo. Palabras como epidemia, ola, explosión de casos o supergripe se repiten en medios y redes sociales, generando preocupación, pero también confusión.
Ante este escenario surge una pregunta clave para la salud pública global: ¿cómo informar a la población sobre una epidemia de gripe sin provocar alarma innecesaria ni minimizar los riesgos reales?
La respuesta no es sencilla. Comunicar bien puede salvar vidas; comunicar mal puede generar miedo, desinformación o desconfianza.
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La gripe: una epidemia recurrente, no un fenómeno nuevo
La gripe es una enfermedad respiratoria causada por distintos tipos de virus que circulan cada año en todo el mundo, especialmente en los meses fríos. A lo largo de la historia ha provocado epidemias recurrentes y, en casos excepcionales, pandemias.
Lo que cambia cada temporada no es solo el número de contagios, sino las variantes del virus, que pueden combinarse entre sí y generar nuevas cepas más contagiosas. Esta variabilidad explica por qué, aunque muchas personas ya hayan tenido gripe antes, siguen produciéndose brotes importantes.
El poder de las palabras: cuando informar parece alarmar
El lenguaje que se utiliza para hablar de salud importa más de lo que parece. Metáforas como ola, avance, explosión o disparo de contagios son comunes porque captan la atención, pero también activan emociones como el miedo y la ansiedad.
Diversos estudios en comunicación sanitaria han demostrado que:
- El exceso de alarmismo puede generar pánico o rechazo a la información.
- La minimización del riesgo puede provocar que la población baje la guardia.
- El equilibrio se logra cuando la información es clara, contextualizada y acompañada de recomendaciones prácticas.
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Informar sin tecnicismos: clave para llegar a todo
Las campañas de salud más eficaces a nivel internacional comparten varios elementos:
- Definiciones claras y sencillas de qué es la gripe.
- Explicación de por qué algunas temporadas hay más contagios que otras.
- Uso de un lenguaje cercano, sin exceso de términos médicos.
- Inclusión de preguntas frecuentes y recursos visuales.
Este enfoque permite que la información llegue tanto a personas jóvenes como a adultos mayores, grupos especialmente vulnerables ante la gripe.
¿Es comparable con pandemias pasadas?
Una estrategia habitual para contextualizar la gravedad de la gripe es compararla con epidemias históricas, como la de 1918. Sin embargo, los especialistas insisten en subrayar una diferencia clave: hoy existen sistemas de salud más sólidos, vacunas, tratamientos y vigilancia epidemiológica global.
Esto no significa que la gripe deba subestimarse, sino que el riesgo actual es distinto y manejable si se adoptan medidas preventivas adecuadas.
Vacunación y prevención: el mensaje central
Más allá del tono del mensaje, hay consenso internacional en los pilares de la prevención:
- Vacunarse, especialmente si se pertenece a grupos de riesgo.
- Evitar el contacto cercano cuando hay síntomas.
- Mantener una buena higiene respiratoria.
- No automedicarse y acudir a servicios de salud cuando sea necesario.
Las recomendaciones funcionan mejor cuando se presentan como acciones de cuidado personal y colectivo, no como órdenes.
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Un reto global, no solo de un país
La forma de comunicar las epidemias de gripe varía entre países. Algunos sistemas de salud optan por advertencias más contundentes, con datos duros sobre hospitalizaciones, mientras otros priorizan mensajes tranquilizadores.
Estas diferencias reflejan realidades culturales, niveles de confianza institucional y experiencias previas con crisis sanitarias. Lo que queda claro es que no existe una fórmula única, pero sí un objetivo común: proteger a la población sin generar alarma social.
Para finalizar
La gripe seguirá siendo un desafío recurrente para la salud pública mundial. El verdadero dilema no es si informar o alertar, sino cómo hacerlo de manera responsable, comprensible y basada en evidencia científica.
Una comunicación equilibrada, clara y empática no solo reduce el miedo, sino que fomenta conductas responsables y fortalece la confianza social, un recurso tan importante como las vacunas.